El gringo que compite para alcalde de Santa Tecla

Entrada original publicada en Octubre rojo

Conocí a Allen Jones en una escuela bilingüe. Cruzamos un par de palabras y me pareció un tipo entusiasta, con deseos de colaborar y aprender de los demás.

Tiempo después, alguien me contó su extraña historia: de madre salvadoreña y padre estadounidense, Jones se aventuró a este país sin tener a su familia cercana y prácticamente sin conocer a nadie, con el único propósito de ver la casa donde vivieron sus abuelos y aprender más de la cultura salvadoreña. Al parecer, gracias a su inglés, Allen consiguió trabajo como maestro bilingüe, y poco a poco su círculo de amigos creció rápidamente.

Hace unos años conocí su proyecto Equipo Chocoyo. Me invitó a formar parte de su idea y acepté. Desde entonces he sido testigo de muchas obras en beneficio de los sectores más necesitados de Santa Tecla y otros municipios del país, donde se ha hecho un gran trabajo por niños y adultos. Tal es el caso de cantón El Matazano.

 

Construcción del techo de las aulas del Centro Escolar cantón El Matazano

 

Donación de zapatos para niños.
Convivio con niños del Centro Escolar de San Vicente.

Desde hace unas semanas, Allen nos anunció que correría por la silla edilicia de Santa Tecla, algo que nos entusiasmó como equipo, pues sabemos de su capacidad y voluntad cuando de servir a otros se trata.

Cuando los tecleños lo oyen hablar, le dicen “pero si vos sos gringo”, y  no están en un error. Allen Jones es un salvadoreño como muchos otros primos, sobrinos o hermanos que nacieron en USA, de padres estadounidenses, pero de sangre y raíces pipiles o lencas. La única diferencia reside en que él regresó a este país, está aquí y forma parte de ese segmento de profesionales que busca incidir con su trabajo y experiencia para hacer de Santa Tecla un lugar mejor para vivir.

Este gringoguanaco le apuesta a ser parte de las soluciones y no de los problemas; y creo que su trayectoria como fundador de una ONG y como educador habla más de sí que estas escuetas palabras.

Espero que el votante reflexivo, aquél que tiene discernimiento a la hora de votar y que está cansado de las extremas, encuentre en Jones a ese  ciudadano honrado que llegará a aportar al desarrollo de Santa Tecla, con ideas frescas y espíritu visionario.

 

¿Por qué entré a la política?

El llamado a servir la nación

En los Estados Unidos es algo común hacer servicio militar. De hecho, muchos jóvenes se presentan como voluntarios cuando nuestra libertad y forma de vivir este amenazado porque sienten el deber de servir de esa manera a su país.

Creo que este sería un buen ejemplo del porqué me involucré en política. En todos los años que tengo de vivir en mi país me di cuenta que atraviesa por grandes problemas, muchos de ellos promovidos por políticos corruptos, sin preparación académica, que han encontrado en la Política un nicho para enriquecerse y dejar de lado los problemas que vivimos como salvadoreños.

Participando en un foro en diciembre 2017

Es común encontrarnos con alcaldes y diputados que no saben leer ni escribir, que no pueden expresarse en público, que les resulta imposible debatir y formular propuestas efectivas ante las necesidades que vivimos como sociedad salvadoreña… y uno se pregunta, ¿qué hace esta gente ahí? ¿Por qué ocupan un puesto político? ¿Por qué nos representan? ¿En qué benefician a los salvadoreños que nos rebuscamos día a día por llevar nuestro sustento a casa?

¡Y esto tiene que cambiar!

Ghandi una vez dijo: “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”. Yo decidí ser ese cambio. Decidí seguir trabajando por los más necesitados por solucionar los problemas que tenemos como país desde una posición en la que pueda influir al mayor número de tecleños. Somos nosotros, los profesionales, quienes movemos a El Salvador. Es un deber de país involucrarnos en política, poner nuestros talentos a disposición del país que nos ha visto nacer.

John F. Kennedy lo dijo alguna vez: “No preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate qué puedes hacer tú por él” ¿Qué puedo hacer yo en esta oportunidad? Contribuir con mi trabajo y experiencia para hacer un mejor país. Hacer a un lado a los malos políticos, a los corruptos y mentirosos.

A muchos les parecerá imposible, incluso, hasta un mal chiste, pero soy un idealista y esta es mi meta.  He trabajado en mi fundación durante años y sé que cuento con la experiencia y la mejor actitud para hacer cosas grandes. Pero, nadie puede hacer esto solo. Para resolver los problemas graves en El Salvador tenemos construir el futuro juntos, unidos como una sola nación aunque nos encontramos en ciudades y países por todo el mundo.

Echar Raíces

Llegó mi turno

En mi penúltimo año en la universidad cursé Español Intermedio I y II, sentía que era mi deber  aprender bien el español, el idioma de mi madre. Debo admitir que me costó muchísimo por el simple hecho de no estar en un país hispanohablante donde pudiera practicarlo a diario.

Al final de mis estudios universitarios, en el año 2007, me sometí a un examen de postgrado y fui aceptado a estudiar una Maestría en Ciencias Políticas.  Para estas alturas, ya sentía un fuerte deseo de acercarme más a la cultura latinoamericana. Mis papás, como regalo de graduación, me iban a facilitar un viaje por América Latina.

Todo se planificó perfectamente: en mayo me graduaría, y en junio llegaría a El Salvador a aprender español mientras enseñaba inglés.

Estaba realizando el mismo viaje que hizo mi papá muchos años atrás, a la misma edad que él, 22 años.

Graduación, mayo 2007

Una vez arribé al  aeropuerto Comalapa, tomé un taxi con destino a la Residencial Lincoln, en el municipio de Mejicanos, cerca de los edificios de Zacamil. Me hospedé con una familia salvadoreña mientras daba clases de inglés y recibiera clases de español.

La primera noche comí pupusas revueltas. Solo había probado pupusas de chicharrón hechas por mi mamá. Eso fue algo sorprendente para mí. Estaba en mi casa, mi otra casa, conociendo más de lo que llevaba en mi sangre: la sangre cuscatleca.

Las primeras dos semanas participé en el programa político cultural del Centro de Intercambio y Solidaridad, la ONG donde daba y recibía clases. Para llegar a CIS desde colonia Lincoln y viceversa, viajaba todos los días en los buses de la ruta 30. Sacaba fotocopias para mis clases en la Universidad de El Salvador. Me impresionó la cantidad de jóvenes en esta institución, luchando por formarse y sobresalir, a pesar de las situaciomes que vivían.

Profesores y alumnos de inglés en 2007.

Los nuevos profesores y yo tuvimos el agrado de ir a muchos lugares del país, elegidos por su importancia en cultura e historia: Suchitoto, Panchimalco, pero también el Mercado Central de San Salvador, la capilla Divina Providencia donde fue asesinado monseñor Romero y otras ONG como ACISAM y CESTA.

El mismo molino sigue operando a un lado de la casa donde creció mi mamá en Ciudad Delgado.

En el tiempo que me quedaba libre entre dar y recibir clases, pude visitar y compartir con la familia por parte de mi madre, con ellos pude visitar Ciudad Delgado.

Me emocionó tanto conocer dónde creció mi madre, poder conocer la casa y el molino, que fue el sustento de la familia durante muchos años, negocio que en la actualidad sigue operando.

Durante la visita a Ciudad Delgado, pude ver la realidad de mi país, del porqué muchos salvadoreños tienen que emigrar a otros países como Estados Unidos. La pobreza, la violencia, la incertidumbre por lograr una mejor vida.

Al principio sentía pena por no poder hablar español con fluidez, pero casi siempre habían personas que me animaban y que me decían que con el tiempo mejoraría.

Después de diez semanas en El Salvador, regresé a los Estados Unidos, para continuar con mis estudios de maestría.

Pero algo extraño pasó 

Aún tenía mucho más por conocer de El Salvador, de su cultura, de su gente, de su espíritu, y a la vez no pude dedicarme a leer acerca de teoría política cuando participé en manifestaciones en contra de la minería metálica, con el fin de ayudar a nuestro pueblo salvadoreño.

Regresé a El Salvador con un boleto solo de ida, y dentro de pocos meses fungía como profesor de inglés y brevemente en un call center. El proceso para conseguir DUI, para poder trabajar, no fue fácil, pero comencé a trabajar en el Centro de Educación e Instrucción Militar Aeronáutico en la Fuerza Aérea de Ilopango. Me tocaba tomar dos rutas de buses: la 30A y la 29A para poder llegar. Incluso mis clases duraban menos tiempo que lo que tardaba en llegar.

Siendo profesor de inglés, pasó poco tiempo para encontrar trabajo como maestro en la materia que más me gusta: Estudios Sociales, en el Colegio La Ceiba, centro de estudios de grata recordación, dando inicio a una nueva etapa como educador de las futuras generaciones salvadoreñas.

Elaborando una alfombra para Semana Santa en Colegio Los Robles.

Inicié mi etapa como Educador en el Colegio La Ceiba. Continúe en el Colegio Los Robles, luego, la Escuela Panamericana, y años después llegué a la Escuela Americana, con el orgullo y satisfacción que muchos de los niños a los que di clases, en la actualidad son alumnos sobresalientes en las universidades nacionales, extranjeras y también son jóvenes profesionales.

Un grupo de los mejores alumnos y personas que he conocido, que tienen mucho que contribuir mucho al país.

Supe que mi estadía en El Salvador se iba a prolongar y profundizar. No solo por conocer la cultura y su gente, sino, porque en mi interior crecía el deseo de ayudar al pueblo salvadoreño. Mientras podía, apoyaba a formar jóvenes como educador, también utilizaba mi tiempo libre para iniciar el proceso de la fundación de EQUIPO CHOCOYO, ONG donde soy director/fundador. Fueron tres años de trabajo intenso, donde tuvimos que superar muchas trabas para poder finalmente legalizar la organización.

Voluntarios preparando una donativo de zapatos

Con la ayuda de muchos jóvenes amigos y profesionales, pudimos comenzar a identificar las necesidades que aquejan al pueblo salvadoreño, con la planificación de proyectos y la ejecución de estos en las zonas más necesitadas del país, una de ellas en Santa Tecla, donde muchos jóvenes y niños han visto concretamente el trababo que se ha hecho por ellos.

Después de instalar nuevos techos en Centro Escolar Cantón El Matazano.

También como ONG hemos participado en observaciones electorales, para enseñar a nuestros jóvenes a cerca de la importancia de la democracia y participación ciudadana.

Con observadores electorales en CIFCO, 2015.

Así HAN PASADO 10 AÑOS donde conocí lo que enfrenta el pueblo salvadoreño a diario. Mi reto es hacer de Santa Tecla un mejor municipio, con seguridad, oportunidades económicas, educacionales, y culturales para todos, para que sirva como modelo para todo el país.

Nace mi historia

Un viaje como el de mi padre

Cuando vine a El Salvador en el 2007, sentí que estaba iniciando algo que transformaría mi vida para siempre. Fui consciente de estar siguiendo los pasos de mi papá. Cuando él también tuvo 22 años, emprendió un viaje hacia América del sur.

No tengo dudas de que él viajaba en busca de algo, como muchos viajeros, y yo también en mi caso, lo experimenté muchos años después.

Chris, mi padre, inició su travesía por tierra al estilo “hippie”,  en 1975. Se fue pidiendo “ride” de Massachusetts.

Pasando por un hormiguero gigante en Yucatán, México. 1975.

Llegada a El Salvador

Al llegar a Centroamérica y luego a El Salvador, cerca de la terminal de oriente, mi papá preguntó a unos jóvenes si sabían donde podía hospedarse. Un chico le dijo que “la niña Cata” alquilaba un cuarto, no muy lejos de ahí, en Ciudad Delgado.

En esa casa  conoció a mi abuela, conocida como Niña Cata, y la familia Renderos, incluyendo a mi mamá que también tenía 22 años. A un lado de la casa había un molino: el negocio que sostenía la familia.

Mi mamá a los 16 años en 1969

Durante varios días, mientras mi padre reponía las fuerzas necesarias para continuar con su viaje, se hospedó en ese lugar. Él se llevaba muy bien con mi mamá y a pesar de ser personas muy distintas, de países distintos, hablando distintos idiomas, ellos dos encontraron muchas similitudes.

En el patio de la casa en Ciudad Delgado.

Pero faltaba mucho camino para que mi papá llegara a América del sur, a Venezuela, su destino final.

Llegó el día. Chris, mi padre, se despidió de mi mamá y su familia. Subió un bus rumbo a Honduras. Había terminado su estancia en El Salvador.

Pero llegando a La Unión pasó algo muy extraño: él sintió algo muy fuerte. No pudo dejar a mi mamá atrás. Al instante, consiguió otro “ride” de regreso a San Salvador.

Pocos meses después, se casaron. Pronto mi mamá se despidió de su familia y llegó a Massachusetts a emprender una nueva vida, siempre extrañando a su familia, amigos y sus perritos que quedaron todos en este país.

El viaje por tierra hasta América del sur que deseaba emprender mi papá quedó permanentemente suspendido, pero creo que encontró lo que su ser realmente buscaba.

La vida presentó retos, pero con trabajo arduo y el apoyo mutuo mis papás superaron cualquier dificultad. Pronto surgió un trasfondo gris en este cuento de amor:  estalla la guerra civil en El Salvador. Con mucho esmero, mi papá hizo los trámites legales para que la familia de mi mamá escaparan  de la violencia y muerte de los años 80.

En Estados Unidos, después de dos años de casados nació mi hermano Phillip y en el año de 1984, nací yo.

Lecciones

Mis papás me enseñaron el valor de trabajar constantemente, que el trabajo dignifica la persona. Fui un niño preguntón, y mi papá fue mi primer profesor. Siempre tenía la respuesta a preguntas: ¿Quién es Dios? ¿Por qué existen personas pobres o sin hogar?

Me sorprendió que mis amigos y profesores en la escuela no supieran de los atoles o el arroz en leche que hacía mi mamá. Luego supe que todas esas recetas venían de ese país llamado El Salvador.

También mi mamá me contó acerca de las injusticias. Algunas cosas fueron demasiado extrañas para que yo las entendiera: que todo chico tenía que tener el pelo corto en su país, o si no, llegaban militares a cortárselo a la fuerza. Que la violencia hacia las mujeres y las niñas era normal en El Salvador. Algunas cosas las entendí mejor: que había un hombre que luchaba por los negros en los Estados Unidos que se llamaba Martin Luther King, Jr. y que logró mucho para ellos.

En 1987, sostenido en los hombros de mi papá, marchamos las calles de Boston, Massachusetts, exigiendo paz en El Salvador.

Me enseñaron mucho mis papás, aun a una edad precoz.

Mi turno

A los 22 años, al terminar mi carrera universitaria, me propuse como misión conocer por primera vez ese país misterioso y mágico que sólo había conocido por historias y fotografías viejas.

Lo que sucedió después dio un giro de 180 grados a mi vida.