Echar Raíces

Echar Raíces

Llegó mi turno

En mi penúltimo año en la universidad cursé Español Intermedio I y II, sentía que era mi deber  aprender bien el español, el idioma de mi madre. Debo admitir que me costó muchísimo por el simple hecho de no estar en un país hispanohablante donde pudiera practicarlo a diario.

Al final de mis estudios universitarios, en el año 2007, me sometí a un examen de postgrado y fui aceptado a estudiar una Maestría en Ciencias Políticas.  Para estas alturas, ya sentía un fuerte deseo de acercarme más a la cultura latinoamericana. Mis papás, como regalo de graduación, me iban a facilitar un viaje por América Latina.

Todo se planificó perfectamente: en mayo me graduaría, y en junio llegaría a El Salvador a aprender español mientras enseñaba inglés.

Estaba realizando el mismo viaje que hizo mi papá muchos años atrás, a la misma edad que él, 22 años.

Graduación, mayo 2007

Una vez arribé al  aeropuerto Comalapa, tomé un taxi con destino a la Residencial Lincoln, en el municipio de Mejicanos, cerca de los edificios de Zacamil. Me hospedé con una familia salvadoreña mientras daba clases de inglés y recibiera clases de español.

La primera noche comí pupusas revueltas. Solo había probado pupusas de chicharrón hechas por mi mamá. Eso fue algo sorprendente para mí. Estaba en mi casa, mi otra casa, conociendo más de lo que llevaba en mi sangre: la sangre cuscatleca.

Las primeras dos semanas participé en el programa político cultural del Centro de Intercambio y Solidaridad, la ONG donde daba y recibía clases. Para llegar a CIS desde colonia Lincoln y viceversa, viajaba todos los días en los buses de la ruta 30. Sacaba fotocopias para mis clases en la Universidad de El Salvador. Me impresionó la cantidad de jóvenes en esta institución, luchando por formarse y sobresalir, a pesar de las situaciomes que vivían.

Profesores y alumnos de inglés en 2007.

Los nuevos profesores y yo tuvimos el agrado de ir a muchos lugares del país, elegidos por su importancia en cultura e historia: Suchitoto, Panchimalco, pero también el Mercado Central de San Salvador, la capilla Divina Providencia donde fue asesinado monseñor Romero y otras ONG como ACISAM y CESTA.

El mismo molino sigue operando a un lado de la casa donde creció mi mamá en Ciudad Delgado.

En el tiempo que me quedaba libre entre dar y recibir clases, pude visitar y compartir con la familia por parte de mi madre, con ellos pude visitar Ciudad Delgado.

Me emocionó tanto conocer dónde creció mi madre, poder conocer la casa y el molino, que fue el sustento de la familia durante muchos años, negocio que en la actualidad sigue operando.

Durante la visita a Ciudad Delgado, pude ver la realidad de mi país, del porqué muchos salvadoreños tienen que emigrar a otros países como Estados Unidos. La pobreza, la violencia, la incertidumbre por lograr una mejor vida.

Al principio sentía pena por no poder hablar español con fluidez, pero casi siempre habían personas que me animaban y que me decían que con el tiempo mejoraría.

Después de diez semanas en El Salvador, regresé a los Estados Unidos, para continuar con mis estudios de maestría.

Pero algo extraño pasó 

Aún tenía mucho más por conocer de El Salvador, de su cultura, de su gente, de su espíritu, y a la vez no pude dedicarme a leer acerca de teoría política cuando participé en manifestaciones en contra de la minería metálica, con el fin de ayudar a nuestro pueblo salvadoreño.

Regresé a El Salvador con un boleto solo de ida, y dentro de pocos meses fungía como profesor de inglés y brevemente en un call center. El proceso para conseguir DUI, para poder trabajar, no fue fácil, pero comencé a trabajar en el Centro de Educación e Instrucción Militar Aeronáutico en la Fuerza Aérea de Ilopango. Me tocaba tomar dos rutas de buses: la 30A y la 29A para poder llegar. Incluso mis clases duraban menos tiempo que lo que tardaba en llegar.

Siendo profesor de inglés, pasó poco tiempo para encontrar trabajo como maestro en la materia que más me gusta: Estudios Sociales, en el Colegio La Ceiba, centro de estudios de grata recordación, dando inicio a una nueva etapa como educador de las futuras generaciones salvadoreñas.

Elaborando una alfombra para Semana Santa en Colegio Los Robles.

Inicié mi etapa como Educador en el Colegio La Ceiba. Continúe en el Colegio Los Robles, luego, la Escuela Panamericana, y años después llegué a la Escuela Americana, con el orgullo y satisfacción que muchos de los niños a los que di clases, en la actualidad son alumnos sobresalientes en las universidades nacionales, extranjeras y también son jóvenes profesionales.

Un grupo de los mejores alumnos y personas que he conocido, que tienen mucho que contribuir mucho al país.

Supe que mi estadía en El Salvador se iba a prolongar y profundizar. No solo por conocer la cultura y su gente, sino, porque en mi interior crecía el deseo de ayudar al pueblo salvadoreño. Mientras podía, apoyaba a formar jóvenes como educador, también utilizaba mi tiempo libre para iniciar el proceso de la fundación de EQUIPO CHOCOYO, ONG donde soy director/fundador. Fueron tres años de trabajo intenso, donde tuvimos que superar muchas trabas para poder finalmente legalizar la organización.

Voluntarios preparando una donativo de zapatos

Con la ayuda de muchos jóvenes amigos y profesionales, pudimos comenzar a identificar las necesidades que aquejan al pueblo salvadoreño, con la planificación de proyectos y la ejecución de estos en las zonas más necesitadas del país, una de ellas en Santa Tecla, donde muchos jóvenes y niños han visto concretamente el trababo que se ha hecho por ellos.

Después de instalar nuevos techos en Centro Escolar Cantón El Matazano.

También como ONG hemos participado en observaciones electorales, para enseñar a nuestros jóvenes a cerca de la importancia de la democracia y participación ciudadana.

Con observadores electorales en CIFCO, 2015.

Así HAN PASADO 10 AÑOS donde conocí lo que enfrenta el pueblo salvadoreño a diario. Mi reto es hacer de Santa Tecla un mejor municipio, con seguridad, oportunidades económicas, educacionales, y culturales para todos, para que sirva como modelo para todo el país.

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